viernes, 31 de diciembre de 2010

Madrugada del 31 de Diciembre.

Llevaba ya bastante sin pasar por aquí...

Mañana acaba el año. Ha sido un año bastante largo y lleno de cambios, recuerdo el año pasado en estad fechas, además de tener el pelo de un color azul muy extravagante y llamativo, veía las cosas de un modo muy distinto. La verdad es que el 2010 ha sido un año muy agotador para mí. Muchas emociones en tan sólo 365 días. Relaciones que no conseguiré olvidar con facilidad, amistades afianzadas, amistades perdidas, unos cambios que han llevado a que mi día a día y mi personalidad ahora sean éstas. No lo llamaré madurez, odio esa palabra y todo lo que engloba, la pretenciosidad de que alguien alardee de madurez.

No pienso hacer una actualización típica de esas tipo regresión, y recuerdos. Mis recuerdos ya están escritos aquí, desde Julio. Aunque bueno, antes tampoco había vivido mucho. Dos o tres coqueteos con chicos, típicas peleas con familiares, etc, etc.

Me han recetado ansiolíticos, últimamente sentía agobios, mareos y sufro pequeños espasmos.
Cuando los tomo me siento como un auténtico loco, o enfermo. Sé que no es así, la verdad es que más de uno querría tener la mitad de cordura que he podido tener yo en más de una ocasión.
No sé a raíz de qué ha surgido todo esto, la verdad es que no me siento mal, tengo lo típico, añoranza por Leo y bueno, mi carácter extraño de siempre. No es ninguna novedad.

En éstas fechas es cuando más echo de menos a Leo. Acordamos tantísimos planes para Nochebuena y Año Nuevo... me iba a invitar a cenar, me iba a organizar una cena en su cocina, ésa cocina tan lúgubre y oscura, que a su vez tenía su encanto. Era la marca personal de Leo, y es que Leo es triste, es como su cocina, pero encantador.
Mañana le llamaré, he ahorrado 40 euros para ir al locutorio. Realmente eran para ropa, necesito algo que ponerme para la Año nuevo, pero prefiero llamarle, necesito llamarle. Quiero llorar con él, y que me consuele, necesito que me consuele y que me diga que me quiere, y que está cuidándome, que todo irá bien, que me abrace en su sofá mientras escuchamos su vinilo de Beirut como hacíamos todas las noches.

Jamás me habría imaginado que podría experimentar tal dependencia por una persona, pero no estaba preparado para que pasase esto, no es justo. Leo era extraño, me gustaba, al ser una persona parecida a mí siempre podíamos contarnos una y otra vez nuestras penas y remordimientos sin  tener esa sensación que me aterra de sentirme un lastre pesado y repetitivo. No tenía que irse, ni tan pronto ni tan lejos, siento parecer egoísta, pero le necesito, le quiero para mí, él me hacía la vida más fácil, su torpeza haciendome trucos de magia y sus extrañas groserías sabían cómo alegrarme cuando era debido. Me entendía completamente, sabía cuando era hora de esto y de aquello, sabía cuando hacerme reír para que se me quitase la llorera y cuando simplemente callarse y abrazarme en silencio.
Es admirable, he de decir que no soy precisamente fácil de consolar ni de entender, nunca tengo ideas totalmente claras y mucho menos estados de humor.

Ayer vi su regalo, tengo que pedirle su dirección de Alemania para enviarselo, no es gran cosa, no me costó demasiado, es puramente simbólico, es algo que significa mucho para los dos, sé que sabrá apreciarlo tanto como espero. Me encantaría poder darselo en persona, y escuchar su insípido "va, está bien" como siempre que le he regalado algo, y después notar cómo lo mira disimuladamente.

En fin, le echo de menos, eso creo que ha quedado abstante claro.
Mañana Nochevieja, no tego plan definido, sé que saldré. No estoy especialmente motivado, los planes cambian cada instante y eso me quita las ganas de salir.

Bueno, espero que este año pinte mejor...

No hay comentarios:

Publicar un comentario